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  European Scientific Journal May 2017 edition Vol.13, No.14 ISSN: 1857 – 7881 (Print) e - ISSN 1857- 7431 31   Conductas Delictivas Y Antisociales En Adolescentes Que Estudian Y No Estudian  Angélica Romero Palencia, Doctora  Araceli Sánchez Solís, Licenciada  Arturo del Castillo Arreola, Doctor Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, Instituto de Ciencias de la Salud, Área Académica de Psicología doi: 10.19044/esj.2017.v13n14p31 URL:http://dx.doi.org/10.19044/esj.2017.v13n14p31  Abstract     Adolescence is a stage of transition from childhood to the adult   world, which is affected among other things by the tension between the incorporation into the labor market and permanence in the educational system (D'alessandre, 2010). However, there is little information related to adolescents who do not study or work. Because of the information that antisocial and criminal behavior tends to accentuate at this stage of life (Gaeta & Galvanoski, 2011), this study identifies differences in the presence of antisocial and criminal behavior among students in two public high schools at Pachuca Hidalgo, Mexico, and adolescents who do not study or   work in the same city using the AD measure (Seisdedos & Sánchez, 2001). The sample consisted of 120 teenagers between 14 and 18 years of age, with a total of 81 students and 39 adolescents who do not study or work. Through an analysis of variance ANOVA of sex by occupation were found significant differences in the presence of antisocial behaviors between adolescents who study and those who do not. A difference was observed in the presence of criminal behavior also, specifically in the group of male adolescents who did not study. It was observed that those adolescent men and women who are studying, are less likely to commit criminal acts, compared to those adolescent especially men who are not within a school or work system. The role played by the socio-cultural context as a risk factor or protection for the appearance of criminal and antisocial behavior is highlighted. Keywords: Antisocial behavior, criminal behavior, adolescents, risk factors Resumen  La adolescencia es una etapa de tránsito de la niñez al mundo adulto, que se ve afectada entre otras cosas, por la tensión entre la incorporación al  European Scientific Journal May 2017 edition Vol.13, No.14 ISSN: 1857 – 7881 (Print) e - ISSN 1857- 7431 32 mercado laboral y la permanencia en el sistema educativo (D’alessandre, 2010). No obstante, es poca la información relacionada con adolescentes que no estudian ni trabajan. Debido a que se tiene información de que los comportamientos antisociales y delictivos suelen acentuarse en esta etapa de vida (Gaeta & Galvanoski, 2011), el presente estudio tuvo como objetivo identificar las diferencias en conductas antisociales y delictivas en estudiantes de dos escuelas preparatorias públicas del estado de Hidalgo en México y adolescentes que no estudian ni trabajan, en la Ciudad de Pachuca   Hidalgo, México, mediante el Instrumento A-D (Seisdedos & Sánchez, 2001). Participaron 120 adolescentes de entre 14 y 18 años, con un total de 81 estudiantes y 39 adolescentes que no estudian ni trabajan. A través de un análisis de varianza ANOVA de sexo por ocupación se encontraron diferencias significativas en la presencia de conductas antisociales entre adolescentes que estudian y los que no. Se observó una diferencia en la  presencia de conductas delictivas, específicamente en el grupo de adolescentes varones que no estudian. Se observó que aquellos adolescentes   hombres y mujeres, que se encuentran estudiando son menos propensos a cometer actos delictivos. Se resalta el papel que juega el contexto sociocultural como factor de riesgo o protección para la aparición de comportamientos delictivos y antisociales. Palabras-clave : Conducta antisocial, conducta delictiva, adolescentes, factores de riesgo Introducción  Para Coon & Mitterer (2011) los problemas en la etapa adolescente se derivan de las normas poco claras sobre el papel que se debe desempeñar, el saber si son adultos o niños, si deben ser autónomos o dependientes, o si deben trabajar o jugar, conlleva a importantes ambigüedades en donde se hace difícil formar imágenes claras de sí mismos y de cómo actuar. Esta  postura se complementa con la de D’alessandre (2010) que afirma que el tránsito de la adolescencia al mundo adulto, es afectado por la tensión entre la incorporación al mercado laboral y la permanencia en el sistema educativo. Por lo que cabe resaltar la situación social en la que los adolescentes en México se encuentran, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2014) la tasa de desempleo de 15 a 19 años y de 20 a 24 años son de 9.8 y 9.2%, respectivamente. Se habla de la existencia de un grupo doblemente excluido que no se identifican con el ser estudiantes o trabajadores estando fuera de la oportunidad de participar del entramado social.  European Scientific Journal May 2017 edition Vol.13, No.14 ISSN: 1857 – 7881 (Print) e - ISSN 1857- 7431 33   Cifuentes y Londoño (2011) realizaron un estudio en Colombia, en el que pretendían obtener el perfil cognitivo de reclusos diagnosticados con TPA (trastorno de la personalidad antisocial) y reclusos sin un diagnóstico de tal trastorno, encontraron que la única diferencia en el perfil cognitivo era el grado de educación de los participantes, puesto que, aquellos reclusos diagnosticados en su mayoría sólo habían terminado la primaria, mientras que los reclusos sin el diagnostico poseían una escolaridad mínima de  bachillerato. El Centro de Investigación para el Desarrollo [CIDAC], (2015) menciona que en 2012 se procesaron en México, 19,178 adolescentes, de los cuales 405 no sabían leer ni escribir, 634 no habían asistido nunca a la escuela, 2617 estudiaron sólo la primaria, 5990 estuvieron inscritos en la secundaria, 2,647 entraron en la preparatoria y 7290 no pudieron especificar hasta qué grado habían estudiado. Gaeta y Galvanovskis (2011) en un estudio acerca de la propensión hacia conductas antisociales y delictivas en estudiantes de Puebla, México, de entre 12 y 20 años de edad en el que participaron 150 estudiantes, separados en subgrupos de sexo, edad y estructura familiar, detectaron diferencias estadísticamente significativas entre los adolescentes hombres quienes presentaron mayor propensión a cometer conductas antisociales y delictivas y cometer conductas antisociales agresivas con violencia, que las adolescentes mujeres. Poca es la información obtenida relacionada a profundidad con las conductas delictivas con adolescentes que no estudian ni trabajan, al dar por hecho que los “delincuentes” no realizan ninguna de estas actividades; sin embargo, en las últimas décadas se han incrementado considerablemente las investigaciones sobre violencia escolar, la cual incluye varios tipos de conductas transgresoras que tienen lugar en escuelas e institutos; desde actos delictivos leves hasta patrones de comportamiento más graves (Cava, Musitu, Buelga, & Murgui, 2010; Romero, Plata, Domínguez, Martínez, Del Castillo & Gil, 2014; Plata, Romero, Del Castillo, Domínguez & Martínez, 2015; López, Romero, & López, 2016). Aisladamente los factores de riesgo en las conductas antisociales y delictivas no determinan la existencia de las mismas, sino más bien el conjunto y la interacción entre ellos. De la Peña (2010) propone una clasificación dividiéndola en externos e internos. Los factores externos son aquellos elementos que se encuentran fuera del sujeto pero que interactúan con él, tales como los medios masivos de comunicación, la familia, la situación social, los recursos económicos, etc. Mientras que los factores internos son aquellos elementos que se encuentran dentro del sujeto, relacionados a factores de riesgo, como los factores psicológicos -la impulsividad, la empatía, etc.- y el consumo de sustancias. A continuación se explicarán con mayor detalle.  European Scientific Journal May 2017 edition Vol.13, No.14 ISSN: 1857 – 7881 (Print) e - ISSN 1857- 7431 34  Medios de comunicación masivos:   su influencia afecta en la  presencia de cierto tipo de conductas que pretenden reproducir modelos simbólicos de vida, en ocasiones inalcanzables, llenos de expectativas de una cultura de consumo, e importancia a aspectos materiales (Gutiérrez, Torres, & Fernanda, 2011). Familia: el ambiente familiar es el que puede alentar o ayudar a disminuir las conductas antisociales, y se sabe que un ambiente familiar desfavorable se relaciona a la aparición de conductas antisociales (Gaeta & Galvanovskis, 2011). Situación social:   las teorías ecológicas parten de la idea de que la ciudad “produce” delincuencia. Existen zonas en donde se concentran conductas antisociales y delictivas, favorecidas por la desorganización y el fácil contagio de este tipo de conductas (De la Peña, 2010). Para Peres (2008) la situación de mayor riesgo en la que se encuentra el adolescente es la falta de recursos económicos, ya que afecta en las demandas de las necesidades para su autorrealización personal, poniendo en conflicto su interacción con el medio ambiente. Con respecto a lo anterior, en Hidalgo actualmente se estima que 50.8% de la población viven en pobreza, que forman parte del 49% estimado para el país según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición [ENSANUT], (Gutiérrez, Rivera-Dommarco, Shamah-Levy, Villalpando-Hernández, Franco, Cuevas-Nasu, et al., 2012). Igualmente se identifica que 95.2% de los niños de 6 a 14 años asiste a la escuela, y de los individuos de 15 a 24 años solo el 39.8%. Factores psicológicos :   hacen referencia a características de la  personalidad, problemas de conducta o psicopatológicos y la diferencia de los estilos de afrontamiento (De la Peña, 2010).  Impulsividad: se considera como un elemento predictor de conductas violentas. Se relaciona con la contención de la conducta, y el manejo de emociones (sexuales y agresivas), es un procesamiento rápido de la información (Varela, 2011).  La Empatía: en un análisis llevado a cabo Garaigordobil, Aliri, Martínez, Maganto, Bernaras, y Jaureguizar (2013), encontraron que la empatía es la base de la conducta altruista, resulta incompatible con la aceptación de la agresión, es un instrumento inhibidor de la agresión.  Autoestima: D el Barrio y Roa (2006) exponen que cuando la autoimagen es negativa se presenta una frustración profunda, el resentimiento es una de las fuentes primarias de agresión. La sobrevaloración de sí mismo puede provocar el mismo efecto puesto que se producen  percepciones narcisistas que dificultan una buena integración y el rechazo del grupo. Consumo de sustancias:   en un estudio sobre la relación en el consumo de drogas y la presencia de conductas infractoras se muestra que la
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